miércoles, 13 de agosto de 2008

Toreo de la Vincha en Casabindo

Una vez al año, el pequeño pueblo de Casabindo, en plena Puna jujeña, a un poco más de 3.000 m.s.n.m. ve alterada su rutina silenciosa de todo el año. Además de la presencia eterna del viento, de las estrellas y sus casi 300 habitantes, varios miles de “foráneos” se dan cita para participar de las honras a la Virgen de la Asunción. En el mes de la Pachamama, el 15 de agosto el poblador de la Puna y la Quebrada veneran a “la Mamita”, expresándose en una fuerte combinación de fe cristiana, ritos ancestrales y “una costumbre de las Uropas”, el Toreo de la Vincha -la única fiesta taurina incruenta de la Argentina- que luego de la Semana Santa, es la celebración de mayor convocatoria religiosa en Jujuy.
En la Danza de los Cuartos y en la devoción expresada por los Samilantes –los Hombres Suri- ante la Virgen a las puertas de la “Catedral de la Puna”, se pone en evidencia el sincretismo único entre lo religioso y las costumbres originarias que sólo puede convivir en un pueblo de enorme fe católica y, a la vez, con un fuerte respeto en las creencias de sus mayores.
Desde el día anterior, comienzan a congregarse en Casabindo los Misachicos y las bandas de Sikuris que peregrinan desde pueblos vecinos como Cochinoca, Doncellas, Aguas Calientes, Tambillos, recorriendo a pie entre 30 y 50 kilómetros, con sus vírgenes sobre los hombros en sencillas angarillas.
Los peregrinos, sabios, con su piel curtida por el tiempo y de pasos lentos, se detienen frente a la iglesia, se miran entre sí, y sin decir palabra se separan. La mayoría de las mujeres ingresan al templo con las "Mamitas" y se dedican a adornarla y vestirla porque es la principal homenajeada.
La veneración por la Señora no queda sólo allí, también queda reflejada en la Danza de los Samilantes -hombres ataviados con trajes de plumas de Suri y cascabeles en las rodillas y piernas- mientras otras mujeres cumplen con el ritual de la Cuarteada, aferrando un cuarto de cordero con piel que tiene que desmembrarse antes de que termine la ceremonia, para lo que dan vueltas, se agachan y dan más vueltas, con la mente puesta en quién sabe qué pensamientos o plegarias.
El día 15, luego de la procesión por las calles polvorientas del caserío y de la misa, es el tiempo de la Toreada. Ansiosos, los changos aguardan su turno con un poncho puneño en sus manos y toda la fe en su corazón para rescatar de la cornamenta del animal una Vincha Roja adornada con monedas de plata y ofrendársela a la Virgen para lograr su gracia.
A esta cita anual concurren jujeños, salteños, tucumanos, también llegan desde las ciudades bolivianas de Villazón, Potosí o Tarija, y numerosos extranjeros atraídos por una costumbre que se mantiene viva desde la época de la Conquista.
Las energías se recuperan con el asado de cordero, el locro o las empanadas, platos acompañados por abundante chicha, que se venden en la feria levantada en los alrededores de la iglesia, donde también compran diversas mercaderías aquellos que llegan desde lo profundo de la Puna.
Cerca de las seis de la tarde, el Tata Inti comienza a esconderse detrás de la gran cordillera, y el frío y el viento anuncian que la fiesta ha terminado. La polvareda que deja la caravana de autos se pierde en la lejanía del altiplano y en la noche, los ínfimos arroyos se congelan y Casabindo, en medio de la nada, queda acompañada solamente por Quilla, el silencio, la oscuridad absoluta y las estrellas.
Texto: Rubén Monerris
Fotos: Augusto Moreno Prado
Juan Fernández

2 comentarios:

Anónimo dijo...

AGUEDA OSSORIO

CASABINDO CATEDRAL DE LA PUNA

Casabindo rica en historia, esta localidad antiquísima fue cabecera de una jurisdicción donde residía la más alta autoridad de los incas, el Curaca. También por Casabindo pasaba el Camino del Inca, rumbo a Chile. Y durante la Colonia, fue la capital de la Encomienda, residencia del castellano “amo y señor” de la zona. En tanto, los “casabindos” eran una parcialidad indígena que ocupaba el centro de la Puna y le llevó tiempo a los españoles dominarlos. “Los casabindos” se adaptaron al sistema del conquistador, asimilando su religión, pero sin anular sus creencias y ritos ancestrales. Uno de los ejemplos más claros es, precisamente, la Festividad de la Virgen de la Asunción.
Después vendrá el canto, el baile y la chicha hasta la madrugada. O hasta que el horizonte se vaya llenando del polvo generado por los promesantes y los espectadores en su camino de regreso.
“Aquí la tierra es dura y estéril; el cielo está más cerca que en ninguna otra parte y es azul y vacío. No llueve, pero cuando el cielo ruge su voz es aterradora, implacable, colérica. Sobre esta tierra, en donde es penoso respirar, la gente depende de muchos dioses. Ya no hay aquí hombres extraordinarios y seguramente no los habrá jamás. Ahora uno se parece a otro como dos hojas de un mismo árbol y el paisaje es igual al hombre. Todo se confunde y va muriendo”.
Finaliza el 15 de agosto. Casabindo volverá a su silencio hasta el próximo año.

La iglesia blanquísima se recorta sobre aquel cielo azul de la Puna, sin una nube.
Sus paredes son de un espesor desmesurado y sostienen un techo abovedado, de piedra,
único en la zona.
Nótese el enorme arco de medio punto que corona la puerta principal.

Los toreros: sus únicas armas: un ponchito rojo, su agilidad y su “coraje”.
Los animales casi nunca salen lastimados, no podemos decir lo mismo de los improvisados
“manoletes”.
MAIL: casabindo_lacatedraldelapuna@hotmail.com.ar
TEL : 0387 155 353177

Rubén Monerris dijo...

Gracias por estos datos. Un abrazo.