La
Semana Santa es para la grey católica el momento de mayor expresión de fe pero
en Jujuy se vive de una manera muy particular, con un sincretismo muy especial,
en el que se conjugan la diversidad cultural que define al jujeño con creencias
heredades de sus pueblos originarios y las enseñanzas dejadas por los hombres
de la Cruz que acompañaron a los conquistadores hace más de cuatro siglos.
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Tunalito - Una parada hacia Punta Corral |
Las bandas de sikuris y pacientes
procesiones, trascienden las fronteras del tiempo para reavivar el fervor año a
año en una de las manifestaciones populares más esperadas en la provincia, como
es el tiempo de Semana Santa y Pascua.
Así es como
los hombres y mujeres del clero se entremezclan en las procesiones con los
Samilantes (hombres suri) y las filas de las cuarteadas tienen tanta
importancia como las hileras que forman los feligreses para cumplir con el
sacramento de la confesión.
Pero hay
algunas pequeñas cosas que durante esta celebración están presentes
prácticamente en todo momento y resultan un disparador para las sensaciones de
cualquier persona. Una es el sonido del viento, y la segunda, el rítmico compás
de los instrumentos de esos músicos intuitivos que conforman las bandas de
sikuris.
Con Fe hacia las alturas
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Por Tilcara, pasando la Garganta del Diablo |
Todos los
años, los senderos que se dibujan entre los cerros a partir del pueblo de
Tumbaya, o del paraje Tunalito, o de Maimará o de Tilcara son transitados por
miles de peregrinos llegados desde diferentes puntos de Jujuy y de provincias
vecinas de la región, con el único objetivo de venerar a la "Mamita del
Cerro", la Virgen de Copacabana del Abra de Punta Corral, en su propia
capilla, a más 3.500 m.s.n.m..
Desde el jueves anterior al Domingo de Ramos, día en que la Señora es llevada al pueblo de Tumbaya, el ascenso de peregrinos de diferentes edades es constante y los destellos serpenteantes de las linternas dibujan un sendero custodiado por las laderas de los cerros y cobijado por un manto de estrellas.
Ya el
Viernes Santo, el punto de encuentro es la villa veraniega de Tilcara. Luego de
cumplir con el Vía Crucis se aguarda el momento de aparición en escena de las
ermitas, que serán paradas obligadas durante la procesión del Cristo Yacente
por las angostas calles del pueblo.
Las Ermitas son verdaderas obras artesanales
realizadas por miembros y amigos de familias tilcareñas. Estos trabajos, que se
diseñan algo más de dos meses antes, representan distintos momentos de la vida
de Jesús y son confeccionados con elementos naturales como semillas, pétalos de
flores, frutos secos, guijarros, arcillas, raíces y, obviamente, con mucha
paciencia y devoción.![]() |
Punta Corral - La Cruz del Morro, la Capilla y los Peregrinos |
Una celebración imperdible
Mientras
tanto, prácticamente a la misma hora pero 200 kilómetros más al Norte, en el
histórico pueblo de Yavi, en plena Puna, comienzan a escucharse a la distancia
unos suaves cánticos, de sonar muy melancólico, que van anunciando el pronto
arribo de las Doctrinas, procesiones integradas mayoritariamente por mujeres.
Estos
grupos, encabezados por un maestro, en el viernes Santo, luego de descender de
la cruz la imagen de Cristo y de la Dolorosa, recorren en procesión las calles
del pueblo, interpretando canciones doctrinales y rezos, que se prolongarán
hasta el amanecer del día siguiente.
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Museo de las Ermitas, en Tilcara |
Así como durante los cuatro días de Carnaval el
disfrute y la algarabía son totales, durante el tiempo de la Cuaresma el
poblador de la región se prepara para vivir con idéntica pasión, la Semana
Santa.
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